" No sea la memoria de un pueblo ,una tea que se agota" .( Stella Maris Taboro)
CORDOBAZO
Aquella rebelión llamada CordobazoFue el principio del fin del gobierno autocrático de Juan Carlos Onganía, el primero de la Revolución Argentina. El 29 de mayo de 1969, Córdoba se alzó contra la dictadura y así lo vieron, desde mundos opuestos, dos de sus protagonistas.HORACIO TARCUS
El tiempo histórico nunca es lineal ni homogéneo. Cada tantos años aparecen cortes en la temporalidad de la historia, singulares nudos de condensación donde se entrecruzan hilos aparentemente inconexos, en que movimientos latentes, moleculares, apenas perceptibles, irrumpen como una incontenible fuerza volcánica. Ciertos símbolos y valores parecen depreciarse súbitamente, mientras otros adquieren la fuerza de la certeza y se instalan con el vigor de un mito colectivo que da cohesión a la acción de la multitud. ¿Quién pondría hoy en cuestión que el Cordobazo es uno de esos momentos históricos de la vida argentina? Sin embargo, cuando se trata de desentrañar las causas y el sentido profundo de la protesta popular de las jornadas del 29 y 30 de mayo de 1969, prevalecen, ya sea entre los testigos o los intérpretes, las disparidades y los interrogantes. ¿Qué fue el Cordobazo? Para algunos, protesta obrera; para otros, rebelión popular; para otros, incluso, intento de insurrección. ¿Predominaron las motivaciones económico-corporativas, las políticas o las ideológicas? ¿Fue su motor la lucha económico-sindical o la lucha política antidictatorial? ¿Fue una acción espontánea o planificada? ¿Cuál fue el peso relativo del peronismo combativo, y cuál el de la izquierda sindical? ¿Se trató de una coyuntura donde convergieron hechos fortuitos, o fue un proceso necesario, producto de las contradicciones sociales de tipo estructural? ¿Fue continuación y remate necesario de las luchas obreras que arrancaban de la resistencia peronista, o bien fue el principio de un cambio histórico en la lealtad política de las masas obreras, del peronismo al socialismo? Aunque no podamos despejar aquí todos estos interrogantes, un ejercicio posible de aproximación a este momento clave de nuestra historia puede ser la contrastación de dos documentos de época, sumamente significativos y, curiosamente, casi desconocidos. Uno de ellos tenía carácter estrictamente confidencial: elaborado por el entonces gobernador de Córdoba, el nacionalista Carlos Caballero, días después de los hechos de mayo y para ser entregado al presidente de facto, Juan Carlos Onganía; esta media docena de carillas mecanografiadas son reveladoras de cómo se entendieron los sucesos desde las más altas esferas del poder. El otro, es el testimonio de Agustín Tosco, una de las figuras clave del Cordobazo, recogido por un corresponsal extranjero y sumamente expresivo de cómo entendieron los sucesos sus propios actores: los que miran (y los que hacen) la historia desde abajo. La historia desde arribaA pesar de recaer en ciertos lugares comunes de la fraseología nacionalista de su autor (el peso decisivo que atribuye a la ideología marxista y aún al liberalismo, o la referencia al Cordobazo en términos de hechos de guerrilla urbana), el documento de Carlos Caballero, Análisis de los hechos ocurridos en Córdoba, intenta trazar un balance descarnado de los sucesos de mayo del 69. Es que el gobernador, cuando se hizo evidente el carácter masivo de la protesta y la legitimidad alcanzada a lo largo del país, no podía sostener el subterfugio de días anteriores de los infiltrados marxistas. Empujado por las circunstancias, Caballero hace un último intento por frenar su irresistible caída y elabora un balance minucioso de los hechos, en general creíble, intentando hacer recaer las responsabilidades del estallido en la política económica liberal antes que en su gestión gubernamental. La estrategia fracasa, pues no sólo perderían sus cargos días después los ministros de Economía y de Interior, Adalbert Krieger Vasena y Guillermo Borda, sino el propio gobernador. Pero vale la pena transcribir algunos tramos del documento: a) En el movimiento de Córdoba, como en sus similares de otras partes del mundo, han participado en gran medida hombres jóvenes movidos por una dinámica marxista (...) La juventud desguarnecida ideológicamente rechaza la antigua antinomia marxismo-cristianismo, o marxismo-nacionalismo, para aunarse en un solo movimiento fundamentalmente anticapitalista (liberalismo), con todas sus implicancias. (...) El enfrentamiento con la Iglesia, muestra a la mayoría de los sacerdotes con una nueva teología que admite el marxismo y naturaliza el cristianismo. Han desarmado a la juventud, la empujan a la izquierda, y han captado el alma y la mente de la clase media. b) El movimiento ha sido fundamentalmente de carácter ideológico más que provocado por una situación social, aunque ésta, es evidente, actúe como detonante. Han participado los gremios mejor pagados, pero también los más politizados (SMATA, UOM, Luz y Fuerza). Es evidente que han contado con el apoyo masivo de los obreros más capaces, en una lucha abierta contra el sistema. c) Detrás del movimiento ha actuado, en un segundo plano, las fuerzas liberales opositoras al gobierno (partidos políticos, prensa, cierto empresariado) (...)d) El movimiento, una vez en la calle, y sobre todo en los primeros momentos, contó con la adhesión masiva de la población. Los barrios burgueses (sic) colaboraban en forma espontánea y entusiasta en la acción, dando material combustible a los revoltosos. Esta adhesión posiblemente se convirtió en más reticente luego de observar ciertos desmanes. Esto no significó, sin embargo, un vuelco de la opinión a favor del Gobierno, a quien se le reprocha, ya sea violencia en la represión o falta de decisión, ya sea para llamar a las Fuerzas Armadas o para reprimir. e) La lucha se prolongó luego a barrios eminentemente obreros, con franco predominio peronista. Estos episodios, y el clima que se vive en los barrios populares (malestar profundo, oposición no encubierta), que no llega más allá por entenderse que no hay medios idóneos para hacerlo de otra forma, señala la terminación de la expectativa que pudo haber aún en los sectores obreros (en el gobierno de la llamada Revolución Argentina). Este malestar se nota también en la clase media (...) Ahora, en cierto modo, han medido sus fuerzas y ya se ha notado la pérdida de respeto por el poder represivo de las Fuerzas Armadas. La historia desde abajoEn agosto de 1974 Franáois GŠze, corresponsal en nuestro país del periódico Politique Hebdo, entrevistó a Tosco en Córdoba. El líder sindical, que había sufrido muchos años de cárcel, se encontraba entonces en la clandestinidad. Es una de las pocas oportunidades en que se explaya sobre los hechos del Cordobazo. Y es quizá la última, pues iba a morir poco más de un año después, un 5 de noviembre de 1975. Onganía tenía esa política corporativa, oscurantista -rememora Tosco- y los radicales eran los más tocados en el nivel ideológico, pero los trabajadores estaban realmente muy tocados porque cada vez descendía más su nivel de vida, porque cada vez se desconocían más sus derechos. La gente salió a reivindicar un programa de quince puntos que se había aprobado en el plenario de la CGT. Entre esos puntos está el aumento de salarios, el reconocimiento de derechos que se habían negado a los trabajadores metalúrgicos.A nivel provincial, la gestión gubernamental de Caballero y sus veleidades corporativistas agudizaban el descontento. Una revista fascista defendía a Caballero y al corporativismo, ese consejo económico social que debían integrar empresarios, trabajadores, estudiantes, profesionales, etc., es decir, las fuerzas de la producción. Estos eran representantes no elegidos, sino seleccionados como representativos. La CGT se opuso a este proyecto. Nosotros teníamos una organización reconocida como representante de nuestra clase, y no podíamos reconocer una integración de nuestra clase a una política del capitalismo. Rechazamos entonces el consejo asesor, y lo pusimos como uno de los centros fundamentales del aspecto político. La gente, quizás en su gran mayoría, tal vez no comprendiera lo que era el consejo asesor, pero sí comprendía lo que estaba pasando con su nivel de vida, con su permanente relegamiento de las propias organizaciones sindicales, la falta de reconocimiento político, es decir, la mordaza política, porque los partidos políticos tampoco estaban reconocidos. La central sindical se hallaba por entonces dividida: por un lado la CGT oficial, por otro la CGT de los Argentinos, que lideraba el gráfico Raimundo Ongaro. Pero la ola de conflictos que se sucedieron a lo largo de mayo de 1969 llevaron a ambas CGT a llamar conjuntamente a la huelga general para los días 29 y 30. En Córdoba la medida llegó más lejos: se convocó al paro activo, a propuesta del sindicato de Luz y Fuerza, cuyo secretario era Tosco. Nuestro sindicato -y yo era el delegado al plenario de gremios- fue el que hizo la moción, la proposición del paro activo para el 29 de mayo de 1969 (...) Lo importante fue la fundamentación de esa moción, en el sentido de enfrentar la dictadura militar, de enfrentar la experiencia neocorporativista que se hacía en Córdoba; de enfrentar la política de estabilización monetaria (...); y de trabajar con los demás sindicatos y con el estudiantado en la organización de las concentraciones que fueron programadas en distintos puntos del país. El paro comenzó a las 11 de la mañana del jueves 29, cuando las columnas de trabajadores parten de distintos puntos de la ciudad (la del SMATA desde las plantas de la fábrica automotriz IKA-Renault, en Santa Isabel, encabezada por Elpidio Torres; otra desde la empresa de energía, EPEC, liderada por los trabajadores de Luz y Fuerza y encabezada por Tosco) hacia la sede de la CGT, en el centro, siguiendo las rutas establecidas el día anterior. Recuerda Tosco: La lucha comienza al reprimir la Policía. Los compañeros del SMATA que venían avanzando, los compañeros de Luz y Fuerza que se concentran frente a la Empresa (Provincial de Energía Eléctrica),los compañeros de cerveceros, del vidrio, de distintas concentraciones en la periferia de la ciudad, venían avanzando hacia el centro para
hacer una gran concentración, pues ése era el gran objetivo. Y todos estos compañeros fueron atacados por la Policía, especialmente los mecánicos y los de Luz y Fuerza. Ahí es cuando surge la capacidad de lucha de los trabajadores. Cuando cae asesinado el obrero de IKA-Renault Máximo Mena, se precipitan los combates callejeros. Según el relato del Gringo Tosco: La situación era que la Policía estaba matando gente y no había defensas para ello. Entonces se decidió enfrentar a la Policía (...), se hacen las barricadas, se atrincheran los contingentes obreros y estudiantiles. La Policía, entonces, retrocede. Incluso los obreros avanzan (...) A las cinco de la tarde debió intervenir el Ejército. Más o menos nosotros calculamos que hubo unas 50.000 personas en esta zona de la ciudad que estaban en la calle con sus barricadas, y ya se habían tomado el centro y el Barrio Clínicas, que es el lugar donde están fundamentalmente radicados los estudiantes. A la noche se produjo un apagón de luz que duró más de cuatro horas, y fueron tomadas las comisarías, las sedes de la Policía de la periferia. El Ejército, en alguna medida, logró desalojar el centro. Hacía fuego indiscriminadamente. Entonces fueron tomados los barrios y cortadas las principales rutas de la ciudad. El paro continuó el viernes 30, pero Tosco no pudo seguir al frente. Fue detenido por la Gendarmería en la sede del sindicato, y juzgado por un tribunal militar, que lo condenó a 8 años y 4 meses de prisión.En realidad -concluye el líder lucifuercista-el Cordobazo fue una rebelión obrera y popular. Alguna gente nos preguntó por qué no habíamos tomado la Casa de Gobierno. Es sencillo: porque no estaba planteado tomarla. La dictadura tenía un peso muy grande y nosotros, lo que teníamos planteado era resistir, demostrar la capacidad de lucha, dar un paso importante como ejemplo, incluso para todo el país, de resistencia obrera y popular, para tirar abajo a la dictadura. En verdad, el Cordobazo fue el comienzo del fin de la dictadura.
*********
El Cordobazo
Por Oscar Alba
El 29 de mayo se cumplió un nuevo aniversario del Cordobazo. Este abrió uno de los momentos más ricos de luchas y experiencias políticas de los trabajadores, dando lugar al surgimiento de una numerosa vanguardia obrera y juvenil clasista, combativa y que planteaba un cambio revolucionario de la sociedad. En estos momentos donde la brutalidad del sistema capitalista arroja a millones de trabajadores a la miseria y somete a otros a la súper explotación más ignominiosa, reconstruir la memoria de estas experiencias es un elemento esencial para la necesaria refundación del movimiento de los trabajadores, sobre nuevas bases clasistas, socialistas y revolucionarias.
En junio de 1966, la Junta de Comandantes en Jefe derrocaba, mediante un golpe militar, al gobierno radical de Arturo H. Illía, poniendo en marcha lo que, por entonces denominaron, La Revolución Argentina y que significó una nueva dictadura militar en el país, con el Teniente General Juan C. Onganía como presidente.
Tres años después, una semi-insurrección obrera y estudiantil en la provincia de Córdoba daba un golpe terrible al gobierno militar, abriendo una de las etapas de mayores convulsiones políticas y sociales que hubo en la Argentina.
El gobierno militar lanzó una serie de medidas antiobreras y autoritarias. Paralizó la Comisión del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Impuso el arbitraje obligatorio en los conflictos laborales y la ley de represión de los conflictos sindicales. Intervino sindicatos y suspendió personerías gremiales. Estableció la Ley de congelamiento de salarios. Modificó la Ley de indemnizaciones por despidos y aumentó la edad para jubilarse. Dictó la llamada Ley de represión del Comunismo y bajo la acción de la funesta DIPA (Dirección de Investigación de Políticas Antidemocráticas) persiguió y encarceló a los militantes populares. Onganía clausuró el Parlamento, disolvió los partidos políticos e intervino las universidades, que fueron consideradas “centros de subversión y comunismo” por la propaganda oficial. Estudiantes y profesores fueron desalojados a palos por la policía, en lo que se conoció como “la noche de los bastones largos”.
Con A. Krieger Vassena como ministro de Economía, y de muy buena "reputación” en los medios financieros internacionales, el gobierno desarrolló una política que comprimió salarios y precios, y abrió las puertas a los monopolios internacionales.
Juan D. Perón desde Madrid, ante la llegada al poder de Onganía llamó, con textuales palabras a “desensillar hasta que aclare”, lo cual significaba abrir expectativas en el nuevo dictador, y la burocracia sindical, tomando las directivas del líder exilado, busco participar en el proceso. Esto trajo aparejado una división de la CGT, surgiendo como alternativa a la CGT “participacionista”, la CGT de los Argentinos liderada por Raimundo Ongaro, dirigente gráfico y que nucleaba a gremios menores con direcciones combativas.
El camino hacia el Cordobazo
El Cordobazo fue una movilización insurreccional que estuvo precedida por una serie de movilizaciones en distintos puntos del país y que fueron expresiones de la resistencia creciente que opusieron importantes sectores de trabajadores y estudiantes a la política global de la dictadura.
Hacia fines de 1968, la concesión del comedor estudiantil de Corrientes fue adjudicada al hacendado G. Solaris Ballesteros, quien inmediatamente después de la privatización aumentó el valor del ticket de $27 a $172 lo que provocó la reacción de la comunidad universitaria, fundamentalmente de los estudiantes, que representaban una población de alrededor de 5.000 jóvenes.
En marzo de 1969, los estudiantes resuelven no comprar el ticket del comedor reclamando también el fin de la privatización. Es entonces que la CGT regional habilita una “olla popular” adonde irán a comer los estudiantes. Estos crean una Junta Coordinadora de Lucha de las que formaban parte las distintas corrientes políticas estudiantiles que organizarán las posteriores manifestaciones de protesta.
El 15 de mayo una manifestación de 4.000 personas que recorría la ciudad chocó con la policía. En el enfrentamiento muere baleado el estudiante de medicina Juan José Cabral.
Esa noche, la CGT correntina llama a un paro general para el día siguiente en homenaje a Cabral.
El 17 de mayo en la ciudad de Rosario se efectúan actos y una gran marcha. En la Galería Melipal es baleado en la cabeza Adolfo R. Bello, estudiante de 22 años. Internado en el Hospital Central, Bello muere seis horas después. Cuatro días después, se organiza una “marcha de silencio”. La manifestación arranca con unos 1.500 estudiantes. El operativo policial era tal, que los propios organizadores no estaban seguros de poder llegar al centro. Pero se fueron sumando obreros y estudiantes de las escuelas secundarias lo cual significó que la marcha cobrara fuerza y llegara al centro, donde choca con la policía que, en medio de fogatas, autos volcados y barricadas se ve desbordada. Manifestantes ocupan la radio LT8 y cuando el grupo abandona la radio se enfrenta con la policía, que asesina al obrero y estudiante Luis Norberto Blanco de 15 años.
El 22, con la policía impotente para detener el estallido, el gobierno nacional declara a Rosario zona de emergencia bajo el Tercer Cuerpo de Ejército. El 23 se decreta un paro general para acompañar los restos de Blanco.
La Plata y Tucumán también son sacudidas por explosivas manifestaciones durante todo el mes.
Córdoba en el ojo de la tormenta
La provincia mediterránea que contaba con una gran concentración obrera industrial y una numerosa población estudiantil, también era escenario de importantes protestas. En setiembre de 1968, la CGT cordobesa y el Frente Estudiantil en Lucha organizó una semana de protesta en memoria de los Mártires Populares, al cumplirse el aniversario del asesinato del estudiante Santiago Pampillón y fue reprimida, así como otros actos que se realizaron contra el gobierno.
En mayo de 1969, los trabajadores del transporte y otros gremios declararon un paro de actividades para los días 15 y 16 en protesta por las quitas zonales y el no reconocimiento de la antigüedad por transferencia de empresas, respectivamente. Unos días antes habían sido reprimidos los obreros mecánicos que salían de una asamblea. En este marco de agitación política, los cordobeses reciben la noticia del asesinato de Cabral en Corrientes y de Bello en Rosario. Entonces, los estudiantes organizan una huelga el día 21, y el 23 de mayo ocupan el Barrio Clínicas en donde chocan con la policía y tres días después ambas CGT llaman a un paro nacional para el día 30. En Córdoba se decide parar desde el 29 en forma activa. La medida recibe el apoyo del movimiento estudiantil.
El 29 de mayo, a media mañana, cuando Onganía ingresaba al Colegio Militar en Campo de Mayo, para celebrar el día del ejército; en Córdoba, miles de obreros comienzan a abandonar sus tareas y se encolumnan en dirección hacia el centro de la ciudad. Las fábricas automotrices quedan vacías rápidamente y constituyen el grueso de la movilización obrera junto a otros gremios que se suman. Mientras algunos estudiantes se meten en las columnas de obreros y la mayoría comienza a marchar en forma organizada desde distintos puntos de la ciudad, las fuerzas policiales han desplegado un abanico de tropas, carros de asaltos y camiones hidrantes a la espera de la movilización.
Comienzan a registrarse choques en las esquinas entre policías y manifestantes. La columna de tres mil obreros de la planta de Santa Isabel de IKA-Renault hace su entrada en la ciudad por la ruta Nº 36, llega hasta la Avenida Vélez Sarfield y supera la barrera policial. Poco después chocan con otro nutrido grupo policial, a la altura del Hogar Escuela Pablo Pizzurno, y los policías deben cubrir su retirada a balazos. En medio de barricadas y automóviles incendiados, los obreros y los estudiantes van ocupando el centro de la ciudad. Muchos vecinos apoyan a los manifestantes y pasado el mediodía muchos destacamentos policiales se retiran a sus cuarteles mientras los que quedan en las calles comienzan a disparar sus armas ante el torrente imparable de manifestantes que corre por las calles, se encuentra, se multiplica y se mezcla desbordando las fuerzas represivas.
En la esquina de Blas y Bulevar San Juan, cae herido de muerte el obrero mecánico Máximo Mena de 27 años.
A las 17 horas con la policía totalmente desbandada, entran en escena la Cuarta Brigada de Infantería Aerotransportada y efectivos de otras compañías, la Aeronáutica y la Gendarmería, todos al mando del General Carcagno.
Ante el avance de las tropas, grupos de obreros y estudiantes organizan un sistema de comunicaciones consistente en “correos” que se desplazan por los techos, avisando sobre la ubicación de las tropas, a los que están en la manzana siguiente y enfrentan a los soldados arrojando bombas “molotov” desde los techos.
Las tropas consiguen despejar el centro y los manifestantes se repliegan al barrio Clínicas para resistir. Por la noche, la agitación se traslada a los barrios, como Alberdi, Alto Alberdi, Talleres, Juniors y Villa Páez. El 30, las tropas de Calcagno tienen el control de la ciudad y comienzan a actuar los consejos de guerra que juzgan a los detenidos. Las principales condenas caen sobre el dirigente de Luz y Fuerza, Agustín Tosco y Elpidio Torres, del SMATA: 8 y 4 años, respectivamente. Pero la condena mayor fue para el régimen militar que quedó mortalmente golpeado por el movimiento de masas, que iniciaba una etapa de luchas políticas y sociales que sacudieron la estantería capitalista en la Argentina.
Conclusiones
El Cordobazo fue parte de un proceso que abarcó a franjas del movimiento de masas a nivel mundial. El mayo francés del 68, la Primavera de Praga en el mismo año, el ascenso del movimiento negro en Estados Unidos a mediados de los 60 y otros procesos en distintas partes del mundo conmovieron y cuestionaron en las calles las bases de dominación capitalista.
Quedarnos con la idea de que el Cordobazo se fuera gestando a partir de reivindicaciones mínimas como la protesta por el encarecimiento de un comedor estudiantil o por las quitas zonales, es decir por el rechazo de la política del gobierno de Onganía, es tener una visión parcial de sus causas. La fuerza que animó a esa insurrección estaba dada por el agotamiento de las masas frente al régimen capitalista que había jalonado la historia de la lucha de clases en la Argentina hasta ese momento. Quienes consideren esta afirmación exagerada tienen que tener en cuenta que la etapa abierta con el Cordobazo se caracterizó, entre otras cosas, por el surgimiento de una numerosa vanguardia obrera y estudiantil que tuvo expresiones organizadas en gremios, cuerpos de delegados y centros de estudiantes y que a su vez nutrió y fortaleció las organizaciones de izquierda, planteando como alternativa al régimen existente la necesidad de un cambio revolucionario.
En los últimos tiempos, se han editado numerosa bibliografía acerca de este período político y muchos autores se han ocupado de “la década del 70”. La mayoría de ellos habla de “los años de plomo”, término que, a nuestro entender, distorsiona, en parte, el carácter obrero que tuvieron las luchas políticas y sociales de aquel momento. Porque es cierto que las organizaciones guerrilleras se desarrollaron con fuerza y llegaron a ser un factor de desestabilización del régimen. Pero no fueron las acciones armadas del ERP o Montoneros los que hicieron el Cordobazo ni derrotaron a la burocracia en el SMATA cordobés, en la UOM de Villa Constitución y en otros gremios o Comisiones Internas, sino que fue el movimiento obrero que con sus herramientas de lucha lo hizo. Como así también fue la huelga general y la movilización obrera la que derrotó posteriormente los planes reaccionarios del gobierno de Isabel Perón y López Rega para liquidar las conquistas obreras en 1975. Los métodos de lucha como las tomas de fábricas con rehenes y la organización de piquetes de activistas que enfrentaban la violencia policial con barricadas y “molotov” hablan del grado de combatividad en aquella etapa.
Hay quienes opinan que los cambios operados en las relaciones sociales, la organización del trabajo y la propia clase obrera hacen inviables este tipo de luchas en la actualidad. Por nuestra parte consideramos, que los trabajadores enfrentan nuevos problemas en su organización para luchar, y uno de los puntos de apoyo para resolver esto problemas, son las enseñanzas que nos deja el Cordobazo, tanto en sus logros como en sus límites. Debemos rescatar ante todo el carácter clasista de esta lucha así como la unidad obrero-estudiantil que se fue plasmando a medida que se desarrollaba la movilización. La solidez obrera y la explosividad estudiantil configuró así una poderosa fuerza de combate.
La vigencia del Cordobazo se recrea en las nuevas luchas que hoy suman nuevas formas y nuevos sectores obreros y oprimidos, como necesidad de ir hacia enfrentamientos cada vez mas duros y sostenidos contra la patronal y el gobierno.
Entonces, antes que hablar de “años de plomo”, tenemos que reconocer en el Cordobazo, el inicio de una etapa de grandes luchas obreras que lejos de ser un recuerdo nostálgico debe ser la fuente de enseñanzas para enfrentar al capitalismo salvaje de hoy con posibilidades de derrotarlo.
El 29 de mayo de 1969, hace 31 años, Córdoba fue el escenario de una movilización popular que sacudiría a la dictadura de entonces. Tres jornadas de violentos enfrentamientos callejeros se generaron por la cruel represión de la policía y el ejército contra el pueblo. El dictador Onganía había colocado como interventor en Córdoba a Carlos Caballero, un hombre de su confianza, caracterizado por su gorilismo y su ineptitud. En Córdoba, la resistencia a la mal llamada "Revolución Argentina" fue muy importante desde su misma instalación, el 28 de junio de 1966, debido a la comunión entre obreros y estudiantes, siendo uno de los hechos más trágicos la muerte de Santiago Papillon el 7 de septiembre de 1966. La Delegación de la CGT de los Argentinos encabezaba la lucha contra la entrega del capital nacional a los monopolios extranjeros y la opresión al pueblo, la supresión de las conquistas laborales y las garantías y libertades individuales y públicas. Se destacaban los combativos Agustín J. Tosco, Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza y Atilio H. López, un veterano luchador peronista, miembro de la Unión Tranviarios Automotor. A ellos se sumaba la fuerza de los obreros mecánicos. El 14 de mayo de 1969 se reprime una asamblea de obreros de la industria automotriz contra la eliminación del sábado inglés. El 16 la UTA paraliza la ciudad, acompañada por Luz y Fuerza. Mientras tanto en Corrientes matan al estudiante Juan José Cabral y en Rosario a Adolfo Mario Bello.
El 26 las dos centrales obreras cordobesas adheridas a la CGT de los Argentinos y a la conducción de Azopardo proclaman un paro activo para el 29. El acatamiento fue muy impotante y la concentración fue reprimida violentamente, muriendo un obrero de Ika Renault. Luego matan a otro trabajador, lo que produce indignación. El pueblo comienza a formar barricadas y avanza sobre la policía, que se repliega. Ochenta y cinco mil obreros, treinta y cinco mil estudiantes universitarios y quince mil secundarios, junto con amas de casa, comerciantes y profesionales, escribían la historia, dando treinta mártires a la jornada.
Comenzaba el final de un dictador, pero faltaba mucho para derrocar a la dictadura. Las detenciones y persecuciones que se produjeron no sirvieron para aplacar el ansía de justicia y libertad del pueblo. Estos hechos se reproducirían luego en Catamarca, Rosario, Cipolletti, etc., ahogando el deseo de los dictadores de mantenerse en el poder.

















No hay comentarios:
Publicar un comentario
Porque eres parte de la historia de tu pueblo,porque la indiferencia no permite crecer, te agradezco tus comentarios.